En algún lugar de La Mancha, en el siglo XVII, nace una mujer signada por una belleza y una sensualidad capaces de provocar en quienes la rodean fascinación, espanto y fiebre. Un monstruo del deseo.
Por medio de una prosa sensorial y alegórica a la vez, Troncoso relata la leyenda de Sor Concha de la Lora desde su temprana infancia en el seno de una familia religiosa hasta su expedición a Guatemala en épocas de conquista. Quien sigue las huellas de Concha entra en la fuerza centrípeta del deseo, en el umbral donde las parcialidades se confunden.
El imperio del vacío es una experiencia de disolución, conexión y transformación. Un escrito antimetafísico. Un elogio a la continuidad. Si Dios es mujer, ya no existe lo permitido o lo prohibido. Todo acontece en los imprecisos límites entre lo divino y lo satánico, la carne y el espíritu, lo real y lo irreal, el silencio y el decir, la prosa y la poesía. Ni lo uno ni lo otro. Concha es sexo: conflicto, ambigüedad, tensión, placer y dolor. Y el sexo es lo indeterminado, el lugar donde la identidad se agrieta, donde se disputan el poder y el deseo, la conquista y la exploración, lo místico y lo mundano.
Y, y, y. Concha, concha, concha.
Bruno Bonoris
Esta novela es un hallazgo por varias razones: la invención de un personaje femenino, Concha de la Lora, que se encuentra delineado de principio a fin como una fuerza que pulsa la narración con una intensidad notable. Se trata de la historia de Concha, de su periplo, pero también se trata del modo en que su presencia incendiaria es inevitable. Podría pensarse que estamos ante una novela sobre el amor o sobre el deseo, pero Enrique Troncoso va jugando con variables históricas, lingüísticas y metaliterarias que corroen toda interpretación que se haga bajo la tiranía del sentido único. Novela, tal vez, sobre la identidad, sobre el rizoma que desconocemos del sexo, sobre el juego infinito que se instala al revertir texto histórico por evanescente discurso de interrogación.
¿Qué hacemos frente a lo insoportable? Y más: ¿quiénes somos si lo insoportable se manifiesta?
Gloria Peirano








