Resulta que decían que el pibe era autista. Resulta que decían que nunca iba a hablar. Resulta que en su familia a nadie le interesaba el boxeo. Le regalaban autos y pelotas. Resulta que no leía ni escribía. Pero un día habló. Y un día eligió ver boxeo. Otro día se aprendía nombres de boxeadoras y boxeadores. Y un día estaba leyendo con el dedito apoyado en la tele, la traducción de una entrevista a Tyson. Entonces fue escuchado con atención.
El pibe tenía un sueño. Su sueño era salir boxeador. Y un día se calzó sus propios guantes y lo cumplió.
Gaia Orbe nos invita a recorrer su vínculo con Martín, su hermano, en una serie de escenas que forman una novela conmovedora. Con una manera cálida, precisa y, por momentos, desbordada de agotamiento o ternura, la autora convierte la cotidianidad en literatura. No hay en esta historia romantización sobre el cuidado de una persona en situación de dependencia: hay honestidad. Y hay preguntas que interpelan, aun cuando no se formulan explícitamente: ¿cuánto amor hace falta para armar un mundo inclusivo? ¿Desde qué lugar se construye la igualdad? ¿Con qué herramientas?
Virginia Janza








