Llegué a esta pregunta interrogando al lector de y al lector en Jacques Lacan. No se trataba sólo de especular sobre lo que este había dicho, sino también de apoyarme contra una pared de textos para fundamentar lo que hacemos cuando somos analistas. Leer es interpelar tanto a la teoría como a la práctica analíticas.
Por seguirle las pistas, me vi obligado a usar su misma estrategia de leer contra los demás —como un alumno de Lacan in absentia. Llamé esta operación “contralectura”, tomándole el término a Harold Bloom, para quien los poetas, al escribir sus poemas, se desleen los unos a los otros [misread each other]. Esto ocurrió hace siete años.
Tras su publicación en portugués, Desler Lacan recibió comentarios que lo transformaron en Leer contra Lacan. Tuve el cuidado de dejar registradas estas críticas, porque me propuse escribir un texto que no borrase sus huellas al caminar.
Equivocar la lectura, ser irreverente con las fuentes, puede ser intencional. Pienso que es el caso de Lacan, y el mío también. No simplemente erramos, nos apropiamos de lo leído por haber encontrado algo allí. Leer es de cierto modo reescribir al otro





