Una primera novela debe asumirse como una promesa que viene del futuro. Así pienso que debemos leer Oficina de Investigación Existencial de Santiago Beretta, quien, al momento de comenzar a escribirla, ya era un hacedor de crónicas y poemas en prosa publicados principalmente en Apología, revista cultural que dirigió durante una década. En esa escuela compartida con amigas y amigos de su generación salió en búsqueda de los fantasmas materiales de una ciudad (tal vez de toda ciudad) sitiada por la descomposición de la falsaria modernidad del consumo.
Fiel a su propio aprendizaje y a una eminente tradición de la literatura argentina, en este texto el autor prueba los múltiples cruces de caminos posibles entre la ficción y la realidad. En ellos su experiencia se refleja en el personaje que (lo) inventa. Uno en el otro, a su vez, juegan a devenir periodista y pesquisa de una historia que lo guiará hacia su propia consecución. La novela elige acontecer en la galería San Miguel, territorio de compras realmente existente en la popular calle San Luis de Rosario que, paradójicamente, no dejaremos de percibir como utópica. En “ese penumbroso mundo”, los lectores junto al protagonista escucharemos a los extraños y entrañables personajes que arribarán a esta “Oficina” para revelar la sensibilidad de una ciudad hecha con el material de los sueños que la habitan.
Luego de su lectura, entenderemos qué “promesa” asume el sentido preciso de la ofrenda literaria que Santiago Beretta ha cumplido con las voces de los perdedores perdidos que se aventuran en su texto.
Contratapa de Roberto García